Oda al vino

Si me muero en la sierra del tiempo,
y se fueren desnudos mis sueños,
no me busquen ni santos ni lujos,
ni siquiera madera de roble.
Si por suerte me muero descalzo,
que me limpien el alma los duendes,
que me entierren en vino las hadas,
y me canten un requien de Mozart.
Yo no quiero la muerte, lo juro,
ni evitar que la vida se vaya,
solamente deseo en silencio,
que se lleven al mar mis lamentos,
mis temores, mis penas y un manto.
Y si el alba no llega entre rosas,
ni la luz  me acurruca en su seno,
yo te pido mi amor que me asistas,
que me traigas poemas de Lorca,
y también azucenas y dalias.
Y si el vino que alegra los sentidos,
perfumando con su aroma mi alegría,
por causa de algún mal no me llegara,
le dices a la muerte que se vaya,
que jamás regrese hasta mis playas.

Nota: Porque el vino y la esperanza,
son dos productos que no deben faltar,
en la despensa del corazón del hombre.

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Lento atardecer

Amorosos los tiernos azulados
que mecen el tiempo entre sus brazos,
mientras las olas bravas del otoño,
acarician la roca viva entre los mares.

La luz se marcha agradecida,
mientras danzan las gaviotas a su vera,
sintiendo que su vuelo y los recuerdos,
anidan la paz en la pradera.

Los árboles que gritan su quietud,
que sueñan con volar entre las nubes,
descansan al arribo de la tierra.

El sol que duerme entre colores,
avanza lentamente hacia el oeste,
con el turno de tarde omnipresente.

Los rayos se ocultan lentamente,
de la triste mirada de la luna,
de los versos que ensalzan su ternura,
de los lagos que irradian su locura.

Y yo postrado ante tus besos,
me arrodillo mi amor ante tu rostro,
con el honor intacto, te lo juro,
con la verdad delante de mis versos.

(A Maru, mi amiga, mi esposa)

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Sinfonía del beso

Regresaron los besos y las dudas,
el amor que estaba entre tinieblas,
y cientos de preguntas sin respuesta.

Me declaro inocente cuando pienso,
que un altar no es la vida solamente,
ni el sermón de los viernes la atalaya,
ni los besos perdidos son la muerte.

El lamento sin fe no sirve ni consuela,
ni el dolor como odio sube al cielo,
es por eso mi amor, yo te lo digo,
que los besos que guardas con sigilo,
no caducan jamás en el olvido.

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