Padre Nuestro

Padre nuestro,
amigo nuestro que estás en la tierra,
consolando la soledad del hombre,
alabemos todos tu sencillez.

Ven hoy con nosotros,
y llena con tu presencia nuestra estancia,
en el hoy de aquí y de ahora.

Hágase tu voluntad de siempre,
hágase tu voluntad de construir
un REINO de vida y no de muerte…

Hágase tu voluntad en todos los confines del átomo,
en todos los territorios del tiempo y el espacio…

El pan de todos, que sea para todos,
como tú tenías previsto en la última cena.
Dánoslo pues hoy, y perdona nuestras debilidades y límites,
y ayúdanos a que aprendamos nosotros también a perdonar.

Y no permitas que caigamos en la tentación
fácil y cómoda del poder,
de la palabra estéril y vacía,
mas líbranos del mal de la duda,
de la tibieza de corazón,
de la deslealtad y la insconciencia, AMEN.

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