En una esquina del tiempo

Sentado en esta esquina,
veo pasar inexorable el tiempo,
con sus luces de plata,
con el cielo en tus labios,
de amapola silvestre.

Sentado en esta esquina,
regreso hasta el principio,
que alerta, que consuela, que ama,
que redime los cielos y la tierra.

Y allí, sin la prisa que genera el olvido,
tiendo mis manos y todo lo que soy,
para que tú que tanto amor me tienes,
me regales la paz de las estrellas.

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Padre Nuestro

Padre nuestro,
amigo nuestro que estás en la tierra,
consolando la soledad del hombre,
alabemos todos tu sencillez.

Ven hoy con nosotros,
y llena con tu presencia nuestra estancia,
en el hoy de aquí y de ahora.

Hágase tu voluntad de siempre,
hágase tu voluntad de construir
un REINO de vida y no de muerte…

Hágase tu voluntad en todos los confines del átomo,
en todos los territorios del tiempo y el espacio…

El pan de todos, que sea para todos,
como tú tenías previsto en la última cena.
Dánoslo pues hoy, y perdona nuestras debilidades y límites,
y ayúdanos a que aprendamos nosotros también a perdonar.

Y no permitas que caigamos en la tentación
fácil y cómoda del poder,
de la palabra estéril y vacía,
mas líbranos del mal de la duda,
de la tibieza de corazón,
de la deslealtad y la insconciencia, AMEN.

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A orillas del tiempo

¿Recuerdas aquel viaje hacia la nada?
¿Recuerdas que llevabas amapolas?
¿una paloma blanca,
un cesto lleno de ilusiones,
una partida de cartas,
y un te quiero?
Caminaste mucho en pos de aquella nada,
no había ningún punto preciso al que mirar,
ni nadie que esperara.
¿Recuerdas?
Orillabas el tiempo sin muchos objetivos,
sin saber siquiera a quién buscabas,
¿Recuerdas?
Pero el tiempo no paró su ruta,
ni cambió el turno de la noche,
ni siquiera se ubicó en tus cansados pasos.
Y es que el tiempo no tiene recuerdos,
está ahí, no sabemos como,
ni si llora ciertas despedidas,
o siente que las sombras lo maltratan,
ni siquiera si existe o sólo es pensado.
Y tu seguiste andando…¿Recuerdas?.
Todo tu ser miraba hacia adelante,
¿Quien gritó que no siguiera andando?
¿Que no siga?
¿Quien dijo cobardía?
Siempre adelante,
¡como una barca de dos proas!
Buscando y buscando hasta el agotamiento,
¡hasta la eternidad!
Y en medio del camino hacia la nada,
¿Recuerdas la ternura de aquel niño?
¿Su carita de Angel?
¿Su tórrida  sonrisa?
Era el hijo de nadie,
que postrado en la miseria de los hombres,
mendigaba aquel trozo de pan,
al lado de las piedras roídas de las murallas…
¡Oh Dios, cuanto me duele la tristeza de los niños!!
Su llanto,
su desconsuelo…
No merece LA PENA caminar hacia la nada,
por eso ya no sigo,
¡Aquí me planto!
¡Aquí me quedo!
Y que los hombres del odio no me cuenten cuentos,
ni me regales rosas blancas,
¡que se queden con ellas!!
para adornar sus pecados,
sus siete pecados capitales.
Y la nada jamás llegó a dar la cara,
ni en la noche y el día,
Tal vez porque la nada,
¡NADA ES, O NO ES NADA!!

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Carta de amor

¡Hola María!
se hizo la noche en mi semblante,
y no supe como decirte
lo mucho que te quiero.
Las sombras de la noche,
con sus trucos de siempre,
apartaban de mi tu figura emblemática,
y apenas pude percibir que me llamabas.
Ni siquiera supe nunca por qué la razón
dejó de sorprenderme en la alborada.
Tampoco intenté describirte aquellos
sentimientos de fuego que lastimaban
mis entrañas.
No fueron tres tan solo,
más no quiero abundar en el pasado,
ni recalar nuevamente en el vacío,
ni en la tierra de nadie que cercena
las amapolas blancas.
¡No se como decirte lo mucho que te quiero!
¡ni como regalarte el más tierno de los besos,
la más dulce melodía,
el más bello de mis sueños!
¡Ya lo sé María!
se que me buscas en aquel lugar
donde las rosas marchitaron,
donde el error se convirtió en destino,
pero ya no estoy allí,
ni siquiera recuerdo
la ubicación precisa
del olvido mortal que machacó mi vida.
Regresaron con cierto dolor en las espaldas
las tenebrosas dudas, las medias tintas,
los mitos, las patrañas.
Juro al Dios Bacco
que el consuelo que siento es por el vino, el vino tinto y sus taninos,
que en la copa celestial de mis promesas, me redime.
No quiero perturbar
esos silencios de la noche,
que entre espinas se esconden en la nada.
No equivoques la percepción solemne
de lo que aquí te escribo.
No pretendo de momento erguir la paz,
ni conquistar tu aurora con tristeza.
Solo quiero, mi amor, mi pequeña María,
mostrarte el lado oculto de mi alma,
en esta noche en que la luna
buscaba una cobija en el oriente,
un espejo en el lago de los sueños y perderse en los mares de la calma.
Sin saber como decirte que !Te quiero!
me despido,
impaciente por sentir en mi rostro la eternidad inmensa de tus labios,
y el calor sutil de tus abrazos.

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Sólo tú, María

Van pasando los días haciendo primaveras,
y siento que te acercas con esa mansedumbre,
de cientos de colores y mimos ancestrales,
con el cielo en tus labios, en tu boca.
¡Que dulzura la tuya, María!
que figura de lino, de fresco aroma,
te siento, te presiento y me enamoras,
con el tiempo curtido por aquellas noches,
las locas noches donde sólo tú eras todo.
Ya no vienes como antes lo hacías,
ahora te regresas cargando la luz,
con el brillo en tus ojos negros,
y traes un manto que nunca antes vi.
Quizá para ocultar el llanto,
para tapar aquellos secretos insolentes,
y proteger el alma de la pérfida rutina,
que mata la ternura de un plumazo.
Yo que siempre observé como caminabas,
como encendías la pasión en mi morada,
te puedo asegurar, te lo aseguro,
que siento que me muero cuando callas.
María, irrepetible mujer, lindo ser,
pradera verde de mis sueños perdidos,
no te vayas otra vez sin decir nada,
no te lleves al río los recuerdos perennes,
ni dejes que perezca entre ruidos el saludo,
la vida que se teje entre las manos.
Se que lo harías por mi,
porque nadie me amó como tú lo hiciste,
día y noche, sin tregua, a todas horas,
¡solamente tú, María!

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El árbol y el pájaro

“EL ÁRBOL NO PUEDE VOLAR, PERO EL PÁJARO NO PUEDE ECHAR RAÍCES”

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Si supieras

Se me escapan silencios,
y se truncan aquellas alboradas,
que quisieron amar demasiado deprisa,
sin algunos detalles inherentes,
al color azulado de los mares.

Si supieras que amar es compromiso,
que es palabra letal si se le pisa,
y se guarda en la gélida noche,
la que el dolor trajo como olvido…

¿Si supieras que el ser es entelequia,
si se entierra entre páginas platónicas,
y se cubre de barro y se cercena?

¡Cuanto me duelen las entrañas,
cuando muere la palabra entre tinieblas,
y te llamo insistente entre violetas!
y se derraman pétalos de rosas,
en los caminos de piedra que se marchan.

Si supieras cuantas cosas callo,
mientras pasaba la tristeza por mi casa,
para herir el pasado y dejarlo exhausto,
en aquella senda impávida del tiempo.

Si alcanzaras saber
cuanto lloré tu despedida,
¡Si supieras cuanto te amé en silencio!
¡SI SUPIERAS…….!

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¡Qué difícil no amarte!

a ti,
mujer,
que habitas en el tiempo,
y en todos los contornos de la luz,
en las montañas,
en las praderas verdes,
en todo lo que soy…
A ti,
pensamiento de lino,
palabra de amor,
beso,
ternura,
brisa de primavera,
amapola,
¡Que difícil no amarte!
A ti,
mujer,
que vagas,
que levitas en mi,
estrepitosamente,
como hada que llega,
y me brinda el amor de las primeras horas,
consolando aquellos  olvidos,
que tanto daño hacen,
cuando se clavan en el ser,
y lo atan,
y lo hacen lúgubre.
A ti,
mujer,
que sabes como nadie,
que el cielo no es distante,
ni distinto,
ni siquiera un territorio.
A ti,
mujer,
cálida cintura de trigo,
que habitas en el tiempo,
¡¡Qué difícil no amarte!!

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Belén María

Barcos de amor navegaron en tus sueños,
En aquel otoño de un verano que se fue
Liberando las más puras ilusiones
Elevando tu ser a las alturas, dulce niña,
No estamos solos, ni sentimos horror,

Miramos alto, muy alto, y presentimos,
Aquellas poesías que te hicieron posible,
Rimando entre versos eternos, celestiales,
Inigualables por su muda inocencia,
Ahora,no moverán mi fe los que lo hicieron.

(Vaya este acróstico, a mi niña del alma, paloma herida, que murió en el asfalto, entre versos, hace 25 años, en aquella absurda región de las sinrazones)

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Dulce melodía

Entró la noche hasta la alcoba,
y entre silencios misteriosos
la tímida sonrisa se hizo coro,
con notas y arpegios del otoño.

Tú estabas pensativa entre algodones,
con luceros de plata entre las manos,
y cariño guardado en el desván.

¿Esperabas tal vez que alguien llegara?

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